Un estadio cambia, el fútbol, no.Un coliseo nuevo, reluciente, teñido de rojo, desprendiendo aires de infierno desde el color rojizo que transmiten las gradas y la iluminación que cuelga de la espectacular cubierta. Un escenario que trasladaba una extraña sensación de final europea por su lustroso y moderno aspecto y por la falta de costumbre. Y en la hierba, la pelota que no miente ante una alineación austera. Otra vez los cuatro mediocentros. Saúl, Thomas, Gabi y Koke, la fórmula de la solidez, jugando en casa, contra un rival que era muy consciente de esos problemas que le suelen aparecer al Atlético cuando el rival le cede el campo para que piense desde la tenencia del balón. La apuesta inicial de Simeoneno fue acorde con la fiesta de la hinchada por estrenar su nueva casa.
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