Ir no íbamos al Manzanares ni tampoco al estadio Vicente Calderón, pero la apertura de las puertas del metro en la estación Metropolitano —una sauna de aficionados cohibidos y desconcertados— predispuso que los hinchas prorrumpieran en la evocación del himno. Que se ha quedado incongruente. Y que servía de oración supersticiosa para escalar hasta el promontorio donde pretende arraigarse el nuevo templo. Alzaban los atléticos los móviles al cielo con la sincronía de un batallón norcoreano. Y se sobreexcitaban con los selfies para oponer euforia y autosugestión a la experiencia del desangeladísimo escenario.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2y5ZJ3V
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire