Cuando El Chava Jiménez surgió de la niebla en El Angliru en 1999, se creó el mito de la Vuelta. Él ya tenía el suyo, El Angliru necesitaba un héroe para estrenar su colmillo retorcido. Y el tiempo se lo puso a huevo: lluvia, viento, frío, niebla, todos los ingredientes que cegaron a la televisión, la oscurecieron en una negra carta de ajuste, hasta que aparecieron los faros de los coches y por delante una sombra chinesca jugueteando por aquellas rampas. Una aparición que como todas estuvo y está bajo la sospecha de la duda. El ruso Tonkov era el escapado y de pronto, aleteando por aquel paraje inhóspito, como Diógenes con el candil, apareció El Chava y le batió en la meta para que la épica tuviera todas las dosis de una novela de misterio. También de una novela negra.
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