Recuerdo la escena pero no el momento exacto, ha pasado mucho tiempo. La selección serbia preparaba algún campeonato importante y cierto periodista español entrevistaba a un Pedja Stojakovic con la camiseta de entreno empapada en sudor y el pelo impecable, señales inequívocas de que el alero ya se había convertido, por pleno derecho, en toda una estrella de la NBA. La irrupción de Pau Gasol invitaba al optimismo patrio y el redactor atacó la pregunta sin miramientos, a tumba abierta: ¿podría la España del gigante de Sant Boi optar al oro? El serbio fintó primero con una mueca de extrañeza, luego se rascó el cogote y finalmente respondió mirando al techo del pabellón, como si las uralitas fuesen una especie de tablas de la ley en las que uno puede hallar todo tipo de respuestas: “España optará a un oro cuando tenga a cinco Gasoles”, dijo Stojakovic antes de despedirse del periodista palmeándole el pecho, como quien da la razón a un loco.
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