Furgonetas negras de gama alta con las lunas tintadas circulando por Valencia a gran velocidad. Guardaespaldas con currículo como agentes del Mosad protegiendo a un millonario de Singapur hijo de un pescadero, que hizo fortuna con el aceite de palma. Peter Lim llegó a Valencia el 25 de octubre de 2014 en un jet privado. Su primera visita fue al esqueleto de ballena varada de lo que un día fue el sueño faraónico del expresidente Juan Soler: el nuevo estadio del Valencia, la mole durmiente en la Avenida de las Cortes Valencianas. Y aquello fue interpretado como un presagio del futuro luminoso. Lim acabaría las obras. Y el coloso, por fin, se levantaría como símbolo de la ciudad.
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