El gracejo de José Manuel Moreno, nacido en Ámsterdam, hijo de un emigrante y establecido en Chiclana de la Frontera desde que tenía nueve años, se gana por completo la empatía de un auditorio plagado de excampeones, altos cargos del deporte, de las finanzas y periodistas. El primer español que ganó una medalla de oro en Barcelona 92 es tronchante cuando relata su experiencia. “Me escondían para que la gente no me agobiara. La expectación era exagerada. Me hacían entrenar escondido con el equipo eritreo. Instalaron un helipuerto junto al velódromo. Y el día de competición, me tocó salir a correr justo después de que aterrizara un helicóptero. Y claro, la gente se pensó que había llegado en ese helicóptero”. Fermín Cacho desvela que a Moreno le llamaban el abrelatas. “Fue el que nos abrió el camino”, argumenta el que nos días después iba a ganar el oro en los 1.500 metros.
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