Se meneaba Garbiñe Muguruza como si fuera un serrucho abriéndose paso en la madera, eléctrica y con la mirada desafiante, como si tuviera alguna cuenta pendiente con Yanina Wickmayer, pero nada de eso. En todo caso, consigo misma, porque aunque las cosas no estén terminándole de salir bien este año tiene el deseo y el hambre para regresar arriba, mucho apetito para volver a hacer algo importante en Wimbledon. Ahora bien, va paso a paso, dice. Y este jueves, lo que procedía era derribar a la belga, y así lo hizo: 6-2 y 6-4 (en 1h 20m).
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