Giancarlo Antognoni (Marsciano, Italia; 63 años) siempre llamó la atención por la belleza de su fútbol y su porte elegante, también lejos de los campos de fútbol. Ahora que ha cambiado las botas por las oficinas, eso sí, sin moverse de los dominios de su querida Fiorentina, solo su corta melena, ahora cana, denota que ya no estamos en los 80. Llega a la Casa degli Italiani, en Barcelona, con traje, corbata y camisa blanca. Impecable. Participará de un pequeño homenaje a la selección italiana que un 5 de julio ganó a la todopoderosa Brasil en Sarrià. Han pasado 35 años. Días después ganaría aquel Mundial, en España, 1982.
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