Con Cristiano en modo asistente, con un fútbol que se desenvuelve a partir de un trantrán ramplón y nada jerarquizado y con una defensa incapaz de fijar la marca por muy clara que esté, Portugal no fue capaz de superar a México, una de esas selecciones que sobreviven como nadie en el alambre, capaces de llenar un botijo en medio del desierto. La campeona de Europa, que se adelantó por dos veces en el marcador, terminó cediendo al empuje del tri, inasequible al desaliento, tan osada como temeraria, pero valiente por definición. Logró un punto el equipo de Osorio a partir de uno de esos empates que saben a victoria, más por lo que supone demostrarse a uno mismo que no hay nada imposible, ni rival suficientemente grande si se toma el impulso necesario.
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