Mientras daba un paseo matinal de domingo, un directivo del Barcelona mostraba su orgullo por el duelo entre el Barça y el Benfica que se celebraría por la noche, entre los equipos que en 1992 se midieron en la liguilla de la Copa de Europa que se llevaría el equipo azulgrana para inaugurar su vitrina de Orejonas y, de paso, cambiar su historia. “Me han dicho que de 30.000 a 40.000 personas irán al estadio”, decía el directivo; “eso demuestra lo que nos dio ese equipo y que la gente tiene ganas de estar con unos jugadores que definieron al Barcelona”. Pero las previsiones, que desde el club se presumían más abultadas, quedaron finalmente 28.420 espectadores, según la cifra oficial facilitada por el club. Un dato discreto para las expectativas de la organización del Barça, que no consiguió darle el énfasis deseado a sus jugadores con una pachanga de fútbol 7 tardía. Pero eso no borró la sonrisa de los protagonistas de Wembley, que se lo pasaron pipa.
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