Poco importa que el prototipo que conduzca Fernando Alonso sea un monoplaza de la Indy o uno de Fórmula 1, que Honda parece decidida a lograr que su empleado más ilustre pierda la paciencia. Hace dos semanas, en su debut en las 500 Millas de Indianápolis, el español tenía a medio mundo con la boca abierta por su capacidad de adaptación, cuando a falta de 20 vueltas para el final y circulando en el grupo de cabeza el propulsor de su coche reventó, obligándole a retirarse. Un auténtico gatillazo puso fin a una gran maniobra de marketing con una puesta en escena espectacular, que por un momento hizo pensar en la posibilidad de que el español conquistara América.
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