Más de 20 minutos después de que lo hiciera el ganador de la etapa, el inglés del Sky Peter Kennaugh, cruzaba la vieja meta de Alpe d’Huez un minipelotón compuesto por cinco corredores, todos del BMC, el equipo del líder de la Dauphiné, el australiano Richie Porte. Esa circunstancia refleja tanto lo sucedido en la segunda etapa de alta montaña –la llegada a la estación de esquí alpina clásica del Tour por la vía nueva del larguísimo y tendido col de Sarenne—como su resultado. Con el maillot amarillo, Porte actúa un mes antes como piensa hacerlo dentro de un mes, cuando se encuentre en plena batalla de un Tour que piensa ganar, intentando mantener la calma ante los ataques lejanos, dejando trabajar a su equipo hasta la extenuación y tomando el asunto entre sus manos llegado el momento clave. En la Dauphiné se entrena él y adiestra a su equipo, que aprende.
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