Cuenta Toni Nadal que cuando su sobrino era un niño, pura inocencia, le hacía creer que era un mago con súper poderes, capaz de interrumpir un partido con una tromba de agua si la cosa se le ponía fea al chico o bien de lesionar a Ivan Lendl durante un partido porque no estaba jugando bien. Aquel Nadal, claro, no sabía que lo que estaba viendo era un vídeo grabado, en diferido, y quedó absorto cuando el checo tuvo que retirarse de la pista porque su tío así lo había decidido. Creía también que su entrenador era un goleador implacable del Milan y por eso cuando iban al Camp Nou para ver a su otro tío, Miguel Ángel, los jugadores del Barça reverenciaban a Toni previo pacto, con las risas posteriores.
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