Hay equipos que tienen una conexión íntima con la victoria, ganan en las buenas y en las malas, como si el triunfo formara parte de su ADN. Algo así le pasa al famoso Madrid, que casi cada vez que aterriza en la final de la Champions se vuelve para Cibeles con la orejona. Otros clubes, en cambio, parece que siempre pillan a la fortuna de vacaciones. Entre la desgracia y la melancolía, no les queda más remedio que asociarse a la derrota. En esas andaba el Girona, que cada vez que se colaba en los play-off de ascenso a Primera, se le encharcaban los ojos de frustración. Tres veces en las últimas cuatro temporadas, el cuadro rojiblanco se quedó con las ganas de codearse con la élite. Pero hay días que el fútbol se olvida de los pedigríes, no le importa si el equipo tiene de nombre Girona, si el club tiene un pasado entre los grandes o si la afición revienta el estadio cada semana. Hay días que el fútbol redime a los malditos. Como este domingo, en Montilivi. El Girona de Pablo Machín empató con el Zaragoza (0-0) y jugará por primera vez en su historia en la Liga Santander.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2rTRj0F
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire