Hace ocho meses, uno estaba medio cojo y el otro medio manco, enterrados ambos por la dictadura competitiva del circuito de tenis y sus persistentes lesiones. No parecía que Rafa Nadal ni Roger Federer tuvieran probabilidades de volver a ser las mejores raquetas del mundo, por lo que ese 19 de octubre de 2016, durante la inauguración de la Academia del manacorense, bromearon entre sí porque apenas pudieron pelotear un poco en media pista con los jóvenes. “Nos hubiera gustado jugar un partido benéfico, pero era lo mejor que podíamos hacer en ese momento”, concedió el suizo a principios de este curso, justo después de conquistar el Open de Australia. Enfrente estaba Nadal, que se desquitó el domingo con su décimo Roland Garros, su 15º Grand Slam. Resulta que los viejos rockeros nunca mueren porque en esta temporada no hay quien les tosa, hasta el punto de que han logrado los dos grandes y cuatro de los cinco Masters 1.000.
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