Diego Costa pone sus reglas con la convicción de quien sabe que hará las cosas a su manera o no hará nada. Solo un carácter así explica el tono desafiante con el que se presentó ante las cámaras en La Nueva Condomina el miércoles, tras el amistoso con Colombia (2-2) en el que no jugó. Parecía el villano de un spaghetti western, con la barba de una semana y la sonrisa ladina: “Conte no me quiere; así que el Chelsea me tendrá que vender en las rebajas”.
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