“Yo sé que esto se va a acabar algún día, pero ahora toca disfrutar. Cuando salgo del coche y llego cada mañana al vestuario, disfruto de todo lo que veo y hago. Esto no me lo va a quitar nadie”, explicaba este martes Zinedine Zidane en la víspera del partido decisivo —una de los tres que le quedan— que el Madrid jugará esta noche (21.00, Movistar Partidazo) en Balaídos contra el Celta. Lo dice Zidane con una sonrisa y con la cara feliz de un técnico que tiene 44 años y al que el banquillo del Madrid parece no haber desgastado como a todos sus predecesores. Él dice que la procesión va por dentro, pero no ha envejecido cinco años de golpe.
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