En un final de carrera estremecedor, Maverick Viñales demostró tener los nervios de acero. Había liderado la prueba desde el séptimo giro. Pero las últimas vueltas estaban abocadas a decidirse en un duelo majestuoso. Y así ocurrió. Desde la pelea por la clasificación se pudo comprobar que en este trazado mítico de Le Mans, donde se celebran las populares 24 horas de resistencia, las motos que mejor aguantarían las 28 pesadísimas vueltas de la carrera de MotoGP serían las Yamaha. Las dos M1 oficiales y la satélite del héroe local, Johann Zarco, salían desde la primera línea. Y comandaron la carrera de principio a fin. Marcó el ritmo el piloto español en cuanto se puso en cabeza y, cuando llegó (como siempre llega) hasta él su compañero Valentino Rossi y decidió que tocaba apretar todavía un poquito más, supo y pudo responder. Y ocurrió lo que pocas veces se ha visto: que en la lucha cuerpo a cuerpo del último giro acabó imponiéndose el vecino de taller del italiano; y que, en su intento desesperado por volver a darle caza, cometió un error de novato, llevado por el ansia de victoria, y se fue al suelo.
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