vendredi 12 mai 2017

Triunfo de Caleb Ewan en el sprint de Alberobello

Durante 200 kilómetros el Giro es una boa que goza perezosa de su digestión avanzando lenta del Tirreno al Adriático. El pelotón es un sistema cuyas reglas, melancólicas, solo atienden a su preservación. No tiene más objetivo que su subsistencia, su paso sin dejar huella, apenas sin sobra en una tarde grisácea junto al Jónico, el tercer mar italiano, por paisajes históricos y templos griegos con columnas dóricas. Es un organismo del pasado, como los trullos que poco a poco, según se entra en la Apulia y se deja el mar, van salpicando el territorio entre almendros y algunos olivos, manchándolos con su arquitectura blanca, sus cúpulas cónicas grotescas y exquisitas, como las contó Pasolini.

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