La escena es recurrente, se sucede una y otra vez. Dominic Thiem acecha, arrincona y aprieta, asfixia el austriaco con su derecha y su revés. Rafael Nadal, al otro lado, se parapeta en su escudo y se defiende a duras penas. La pelota está a punto de besar la arena de la Caja Mágica en favor del primero, pero en la circunstancia más inverosímil, cuando el público madrileño tiene el estómago encogido, la raqueta del balear no solo alcanza la pelota, sino que la incrusta con reprís en un punto imposible para Thiem. Fenomenal tenista el austriaco, pero negado por el espíritu competitivo de un Nadal que volvió a hacerlo: 7-6 y 6-4, (en 2h 17m). La película de tantas y tantas veces.
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