Tenía prisa Cristiano por cerrar las cuentas en la tarde malagueña. Una tarde nublada, coloreada por las camisetas de los aficionados del Real Madrid que desde muy temprano llenaron los chiringuitos de la playa de La Malagueta, las calles del centro, los aledaños del estadio y el hotel de concentración del conjunto blanco, un palacete señorial con vistas al mar.
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