Guadalupe García dejaba listas las tortillas hechas con sus propias manos. La adolescente también debía barrer el patio de su hogar para después escaparse a jugar fútbol, una actividad clandestina para las mujeres de las comunidades mazahuas. Este pueblo indígena del Estado de México se escandalizaba si las niñas vestían unos pantaloncillos y chutaban con el balón, hasta que Lupita, como le dicen, fundó la primera selección mazahua de fútbol.
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