El Atlético salió del Bernabéu apalizado, con un marcador de 3-0 al que solo queda contestar con la intentona de la épica y un partido de alto voltaje en la vuelta. Pero, sobre todo, el Atlético salió del coliseo blanco con la sensación de que nunca o casi nunca fue el Atlético. Asumida su inferioridad individual, el equipo de Simeone siempre maquilló esa realidad apelando al bloque. En la noche del martes no lo hizo y la diferencia de calidad asomó como nunca lo había hecho en anteriores derbis. La resistencia tan incómoda para el Madrid ofrecida en las finales de Lisboa y Milán, o en la final de Copa del Rey conquistada en el Bernabéu en 2013, tuvo como patrón la solidez y el brillo colectivo, sobre todo en defensa.
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