Hay frases que hay que tomar en serio, aunque la primera vez que se oigan parezcan ridículas. Definen al que las pronuncia. Anuncian algo trascendente. Delatan un estado de gracia y una confianza que solo pueden ser reales. Un día de 1995, en julio, dijo Bjarne Riis que qué lástima que se neutralizara la etapa más dura del Tour, la del Soudet que se corrió en grupo por la muerte de Fabio Casartelli la víspera, porque ese día habría atacado y le habría ganado el Tour a Indurain. Riis no era entonces más que un danés muy grande que había demostrado un gran progreso en las contrarreloj y parecía poder pasar la alta montaña. El año siguiente, el 96, fue Riis quien impidió a Indurain ganar su sexto Tour.
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