jeudi 20 avril 2017

Serena Williams, o el más difícil todavía

Basta con verle dar unos pasos u observarle en los espacios íntimos para saber que es una mujer especial. Una figura que de puertas afuera —otra cosa es el espectro personal, radiografiado a la perfección en el documental Serena, de Ryan White— se expresa siempre desde la grandilocuencia, sin términos medios. Ella, así lo ha dicho siempre, nació para ser una estrella. No solo para ser buena o muy buena, sino para ser la mejor, independientemente de géneros. “Mi sueño era ser la mejor tenista del mundo, no la mejor mujer tenista del mundo”, redactó el año pasado en una misiva publicada por la revista Porter Magazine, en la que denunciaba el sexismo que domina en el deporte y la sociedad, en todos los ámbitos.

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