En la segunda parte se fue Pepe del campo y el Bernabéu le gritó: "Pepe, Pepe", que después de tantos años sigue pareciendo el homenaje a un quiosquero. Pero ahí estaba el portugués, desahuciado en 2009 por su delicada propensión a la ultraviolencia. El caso es que Pepe remontó su carrera y su vida, y el Madrid, aristócrata implacable con los errores que amenazaba su imagen, fichó a Mourinho para no echar a Pepe: de estar, estar todos. La fórmula funcionó y Pepe, rehabilitado socialmente en su última temporada con el Madrid, marcó un golazo de cabeza que contribuyó a un espejismo: la victoria blanca. El Madrid le ganaba al Atleti como siempre, o sea sin saber cómo. Así se ha llenado la vitrina europea en los últimos tres años: sin que nadie pudiese explicar por qué.
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