Cuando Marc Márquez firmó la renovación de su contrato con Honda el año pasado quiso asegurarse de que en la fábrica del ala dorada no le darían gato por liebre. Fue uno de los últimos en sellar su futuro, pero no le importó. Trabajaba en la elaboración de lo que él llamó “el contrato perfecto”. “En un contrato se negocian muchas cosas. Y a mí me gusta empezar por lo deportivo. Me gustaría que la evolución de la moto siga la línea en la que mi equipo cree para los años 2017 y 2018”, decía dos semanas antes de estampar su firma en el contrato que le ataría a la casa japonesa esos dos cursos más. Se refería al cambio del tipo de motor que llevaba pidiendo durante años, aunque nadie lo haya confirmado ni haya un solo alto cargo de Honda que se refiera al nuevo motor como lo que es, un motor big bang. Ellos lo llaman “el nuevo prototipo”.
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