Tan cómodo se encontró el Valencia en el nuevo Los Cármenes, con tan poca oposición, que para marcar su tercer gol, el que venía a poner el broche a un partido que siempre tuvo dominado, empleó 43 pases. Más de una cuarentena de intercambios de balón en un minuto y 45 segundos para trasladarlo desde su campo hasta el fondo de la portería de Ochoa. Una suerte de combinaciones que inició Mangala y en la que se vieron implicados todos los jugadores, hasta que Santi Mina le puso el broche del gol.
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