Tiene todo el derecho del mundo el Borussia Dortmund a esgrimir que el atentado que sufrió la semana pasada marcó su decepcionante rendimiento futbolístico en los cuartos de final de la Liga de Campeones, pero nada debe opacar la categoría del Mónaco, que accede con prestancia y merecimiento a la antesala de la final de Cardiff con un equipo que resiste la comparación, si es que no la mejora, con el que en 2004 quedó subcampeón tras caer ante el Oporto, liderado por Giuly y con pilares como Evra, Rothen, Prso o Morientes. Este Mónaco es una gozada, un huracán que cuando sopla está en condiciones de tambalear a cualquiera y Manchester City y Borussia Dortmund lo saben. Tiene también una cara b porque le cuesta blindarse. Son ingredientes, atrás y adelante, que convierten cada uno de sus partidos en una emocionante experiencia para quien los contemple desprovisto de pasión. O incluso con ella. Tras marcarle seis goles al equipo de Guardiola y siete a los alemanes, tres a domicilio y cuatro en su feudo, el Mónaco llama a la puerta de los grandes del continente.
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