El Dortmund es un equipo devastado. Sin Gundogan y sin Hummels, vendidos el verano pasado, el edificio se asienta en los pies del joven Julian Weigl. Si, como ocurrió este sábado, Weigl se reserva para la Champions, la estructura se agrieta. Si el descanso se produce durante la visita al Allianz Arena, la grieta amenaza ruina. La Bundesliga perdió interés después del promocionado Klassiker. El campeón está a punto de cantar su 27ª título nacional.
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