Sonó el himno de la Champions a todo trapo y el estadio estaba lleno, pero el ambiente que se respiraba anoche en el Calderón era de relajación. El pescado se había vendido y regalado en Alemania con el 2-4 y desde el primer al último atlético se sabía en cuartos. Con ese clima extraño se jugó el partido, diametralmente opuesto a lo que se vivió en la última visita del Leverkusen, allá por 2015 en un duelo taquicárdico que se tuvo que decidir en los penaltis.
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