Son las 13:36 horas en las instalaciones del Club América, el sol está en plenitud. Los jugadores terminan de entrenar, excepto un grupo de cuatro que pelotean con el balón en una especie de tenis con los pies. Uno de ellos es Oribe Peralta (Coahuila, 1984). Es el último en salir. Los pocos aficionados que siguen allí le piden, gritan por una selfie. Así pasa los días Oribe, un goleador de pueblo.
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