Prometía emociones fuertes esta edición del Masters 1.000, pero tal vez no tan pronto, de forma tan abrupta, sin que a los seguidores del tenis les hubiese dado tiempo prácticamente para coger asiento. Pero resulta que el número uno del circuito, Andy Murray, comenzó el torneo con el pie torcido y lo que se presuponía un camino de rosas para él terminó convirtiéndose en un puente contoneante y quebradizo que cedió a la primera pisada. En consecuencia, en una caída al vacío, contra todo pronóstico, en la segunda ronda del torneo californiano y ante el 139 del mundo, el canadiense Vasek Pospisil.
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