Nadie en la junta directiva que celebró la Real Federación Española de Fútbol en diciembre sospechó que la elección de Gijón como sede del quinto partido de clasificación mundialista supondría meter al equipo de España y a su rival de este viernes, Israel, en un escenario salpicado por el conflicto político. Porque el 13 de enero de 2016 el pleno del Ayuntamiento de Gijón, presidido por la alcaldesa Carmen Moriyón, del Foro Asturias, se había pronunciado a favor del boicot a los productos y servicios que ofrece el Estado de Israel, donde denunció que se produce un “apartheid”contra el pueblo palestino. El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), organizado mundialmente por el Comité Nacional Palestino y respaldado desde las instituciones locales por el PSOE, Izquierda Unida y Xixón Sí Puede, se había apuntado un tanto excepcional. Gijón fue uno de los municipios más importantes que alentaron esta campaña, criticada desde diversos sectores por un presunto sesgo antisemita y prohibida en otros Ayuntamientos por jueces que la tachan de inconstitucional.
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