lundi 6 mars 2017

La encrucijada de Wenger

Arséne Wenger llegó al Arsenal el primer día de octubre de 1996 y a las pocas semanas entendió que tenía trabajo por delante. La mayor parte de sus futbolistas tenían unos hábitos nutricionales que cabría catalogar como mejorables, su capitán, Tony Adams, había pasado un tiempo en prisión por conducir borracho y no había superado sus problemas con el alcohol. El club, un clásico, el primero de Londres en ganar una liga y en desafiar el poder inicial de los equipos del norte del país, apenas había ganado dos campeonatos en un cuarto de siglo. Wenger se dio cuenta de que algo no funcionaba cuando citó a sus hombres para un entrenamiento y desde los despachos le dijeron que no podía ser, que unos estudiantes tenían la prioridad sobre el campo y que ellos debían esperar.

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