Cuando más importaba, la Inglaterra superviviente se vistió de apisonadora. No le hicieron falta “jail cards” –tarjetas para salir de la cárcel- al equipo de Eddie Jones tras salvar sin heridas sus tardes grises. Escocia, la única selección que podía arrebatarles el torneo, sucumbió sin paliativos en un campo en el que lleva 34 años sin ganar. Los vigentes campeones dominaron en delantera y recuperaron la frescura en sus playmakers para un triunfo categórico que les da su segundo título consecutivo. Tras su 18ª victoria seguida –igualan el récord de los All Blacks- visitarán Dublín con la opción de repetir Grand Slam.
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