Hay equipos que, sin haber ganado títulos, han pasado a la historia más importante del deporte: la de la memoria de los aficionados. Uno de ellos es el Logroñés del último cuarto del siglo XX. Aquellos partidos con el césped casi convertido en barro, la mítica valla pegada al terreno de juego y los carruseles de las radios alertando de que había gol en Las Gaunas.
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