En las tardes melancólicas, rutinarias, el vuelo de una mosca es un acontecimiento. Cuando no hay mucho más que ver, una mosca es un planeta, un exoplaneta, o sea, un descubrimiento. La mosca, tras dar y dar más vueltas, se posó a los pies de Ben Yedder, porque Feddal midió mal el manotazo y rompió el fuera de juego como un chiquillo aburrido. El francés cazó la mosca, cansada de dar vueltas, y la llevó a la red con un empujón sutil, sin aspavientos. Como se cazan las moscas, por sorpresas.
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