La machada del Leicester en el curso anterior, con jugadores anónimos y un fútbol rácano pero extremadamente efectivo, no tiene parangón. Con un presupuesto famélico en comparación con las grandes potencias del balón en la isla, Claudio Ranieri fue capaz de conquistar la Premier League frente al pasmo y reconocimiento generalizado. Pero eso fue el año pasado.
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