Cuando el Barça se remitía a éxitos menores como la Copa o incluso la Recopa de Europa, el Camp Nou apelaba a la épica por más que no se diera continuidad al fútbol del equipo. Pero desde que Michels sembrara el juego de posición y posesión, luego pergeñado por Cruyff y regado por Guardiola, el Barça dejó de lado lo homérico para imponer su ley con el balón. Y ahora, tras el coscorrón de París (4-0), se necesita fútbol y épica porque nunca antes se remontaron cuatro goles en Europa. Pero hay precedentes similares.
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