Los años están plagados de historias que empiezan por la palabra “fin”, y ahí mismo se acaba todo, sin historia. No hay mucho más que hacer, salvo buscarse una historia nueva, que arranque con otras palabras, a poder ser. En ese bucle lleva varios años atrapado Fernando Alonso, buscando comienzos prometedores para sus temporadas. Por momentos parece que no busca un coche decente, sino a sí mismo. Es algo habitual en deportistas que una vez alcanzaron grandes victorias y después cayeron en una larga sequía. Se pasan su carrera persiguiendo los viejos tiempos, a la persona exitosa que fueron. Quieren ser como antes, demostrarse que no están acabados y que solo sufren una mala racha. Entretanto, hasta los propios seguidores del piloto pierden la ilusión, como esos padres que al final del primer trimestre ven llegar a su hijo con las notas y la primera pregunta es “¿Cuántas suspendiste?”
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