El Barcelona acepta que sus jugadores no quieran tener voz ante los micros, cámaras y grabadoras a no ser que les toque de uvas a peras salir a una rueda de prensa o en la zona mixta tras un partido, nunca futbolistas como Messi y Neymar que deciden a su antojo sus apariciones. La falta de protagonismo del vestuario implica las necesarias declaraciones de una directiva que patina a cada ocasión que habla y que provoca posteriores comunicados correctores y hasta ceses de cargo. “¿Las faltas a Neymar? Muchas veces provoca al defensa y sale malparado, es su estilo de juego”, soltó el vicepresidente Jordi Mestre antes del encuentro.
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