Muchos años más tarde, Roger Walkowiak deseó no haber ganado el Tour del 56, la única carrera que, aparte de critériums y dos etapas en la Vuelta (Pamplona y Cuenca), había ganado en su vida de ciclista. Le amargaba tanto el recuerdo del desprecio con el que los aristócratas de su deporte comentaron su victoria inesperada, que el dolor fue siempre más fuerte que la alegría.
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