“¡No cambio, no cambio!”, gritaba Luis Enrique justo después de que expulsaran a Sergi Roberto y mandara a Aleix Vidal de nuevo al banquillo. Era la semifinal de la Copa y el técnico, con uno menos, no quería un lateral ofensivo ante las presumibles embestidas del Atlético sino que se imponía un zaguero con oficio que actuara más de marcador que de carrilero. Por lo que mandó calentar a Mascherano, que en apenas tres carreras ya estaba sobre el césped, exigido como estaba el Barça a una reestructuración defensiva. Poco después, sin embargo, quizá por las premuras aunque seguramente porque con los músculos nunca se sabe, una carrera con Filipe Luis acabó con El Jefecito cojo y su cara un tanto descompuesta, sabedor de que el pinchazo no sería cuestión de horas sino de días. “Las pruebas realizadas han confirmado que el jugador tiene una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda”, rezaba el comunicado médico azulgrana, que no detallaba el tiempo de baja, por más que se intuya que al menos estará tres semanas en el dique seco. Un contratiempo más para Mascherano, que no está teniendo su año más fácil en el Barcelona.
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