Cuando Gareth Bale se lesionó en Lisboa el 21 de noviembre y entró en el quirófano menos de una semana después, parecía que el Madrid iba a tambalearse. El galés estaba en su mejor momento (7 goles y 4 asistencias en 16 partidos). Zidane tuvo que renunciar a él pocos días antes del clásico. La estructura del equipo no se vino abajo porque encontró en Lucas Vázquez una alternativa tan fiable que hizo que no se echara demasiado de menos a Bale ni en el clásico ni en los últimos dos meses.
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