vendredi 10 février 2017

El veto al capellán divide al Sporting

Fernando Fueyo llegaba al estadio de El Molinón unos 20 minutos antes de cada partido del Sporting. El párroco de San Nicolás de Bari recorría las entrañas del estadio hasta llegar al vestuario. Ya allí, con la plantilla formada en un círculo la abrazaba, daba una pequeña arenga, rezaba un padrenuestro muy lento, a veces eterno, según los presentes, y soltaba un grito final a modo de bendición. Finalizado el ritual, el equipo saltaba al campo y él ponía rumbo a su asiento en la grada. Así partido tras partido durante 20 años hasta que la semana pasada, Rubí, sustituto de Abelardo en el banquillo, optó por terminar con la tradición. El catalán prohibió en el partido contra el Alavés la entrada al vestuario de toda persona ajena al equipo, incluido al capellán.

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