El Real Madrid impuso la mayor calidad y experiencia de su plantilla ante el Valencia y conquistó su 27ª Copa del Rey, la quinta en cinco años, la cuarta consecutiva. Los blancos, liderados por Randolph y Ayón en la pintura y por Llull y Carroll desde el perímetro, alzaron en Vitoria el decimotercer título de la era Laso tras otro duelo áspero. Agarrados a la cornisa, pisando la cuerda floja y apelando al carácter, los madridistas conquistan un trofeo que retrata su memorable voracidad y capacidad competitiva.
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