En la liga de las sensaciones y las buenas intenciones el Deportivo no anda lejos de los puestos de Champions, en la del infortunio y el fatalismo ronda la zona europea, en el campeonato que clasifica a los equipos por los marcadores que cosechan el equipo que dirige Gaizka Garitano se despeña hacia un abismo insospechado por potencial, juego y propuesta. Como los resultados no acompañan es prudente admitir que hay bastantes más detalles, y de mucho peso, que contribuyen a que el equipo apenas haya ganado cuatro partidos en las 22 jornadas que ha disputado. A todos los que se puedan alegar debe sumársele desde ya uno más: el Deportivo se siente tan vecino a la adversidad que cualquier golpe le derrumba. Ante el Alavés buscó el gol con denuedo, lo trabajó y lo mereció, por momentos gustó y se gustó, remató al larguero y desprecio claras oportunidades para adelantarse en el marcador. A poco más de veinte minutos del final cometió un penalti y su rival, que siempre estuvo al acecho, le castigó. Como un púgil con mandíbula de cristal, el Deportivo ya no se levantó.
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