El cinco de mayo del 2012, en la penúltima jornada de Liga, se enfrentaban en Mestalla el Valencia y el Villarreal con dos realidades opuestas: el conjunto che necesitaba un punto para certificar el tercer puesto que le otorgaba la clasificación directa para la siguiente edición de la Liga de Campeones; un empate le bastaba al club de Roig para salvar una temporada desastrosa y asegurar su permanencia en Primera.
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