A Messi siempre le ha gustado estar arropado por el Barcelona, el único club al que se ha entregado desde que a los 13 años aterrizara desde Argentina. Pero desde el club, que le renueva cada dos por tres y que le revisa el salario como el mejor futbolista pagado del mundo –así lo advirtió Bartomeu en las inmediatas negociaciones sobre su renovación–, ya le han echado algún que otro pulso. Como el que sucedió en 2008 cuando el futbolista quiso ir a jugar los Juegos Olímpicos y el Barça se negó en rotundo, situación desbloqueada más tarde por Guardiola para tener contenta a su estrella. También fue el vicepresidente económico, Javier Faus, el que afirmó: “No veo motivo para mejorar el contrato a un señor al que ya se lo mejoramos hace seis meses”. Unas declaraciones que desataron una tormenta y a la que replicó el 10: “El señor Javier Faus no sabe nada de fútbol”. El vicepresidente tomó las de Villadiego unas semanas más tarde y Leo obtuvo su contrato. Ahora, sin embargo, parecen repetirse los enredos.
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